La muerte súbita de su ex marido sumerge a Norah en un torbellino de papeleos y emociones. Divorciada hace doce años, siente que de pronto la familia, los amigos, la empresa, la herencia (incluidos los objetos de valor simbólicos) quedan al descubierto.
Acostumbrada a no aparecer, por su rol laboral de escritora fantasma, debe enfrentarse a un protagonismo inesperado ¿existen los ex vínculos? ¿Qué tan válido es el encasillamiento ex mujer, ex nuera, ex amiga? Ella, encargada de inventar historias ajenas, debe abocarse a la propia, recrearse en la contención de sus tres hijos y ubicarlos en un nuevo espacio donde la casa de su padre, vuelto a casar, se desvanece y hasta el perro se convierte en territorio de disputa. Entonces aparecen los fantasmas, los que se cargan sin saber y los nuevos, envoltorios opacos que buscan la resquebrajadura por donde entre un poco de luz.
Para Virginia Wolf, un relato biográfico debería unir la solidez del granito y la intangibilidad del arcoíris ¿cuánto de cada uno encontramos en esa nouvelle basada en hechos reales? Vida-escritura, realidad-ficción se mezclan para que las palabras que quedaron en las bocas salgan a dar una explicación, vivos y muertos tienen que hablar, quizás así sea posible el ordenamiento del pasado, del presente y del futuro.



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